Un palmo y un poco de lado: la técnica de micrófono que los locutores novatos aprenden a la mala

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Casi todos los que empiezan en la locución pasan semanas eligiendo un micrófono y unos cuatro segundos decidiendo dónde poner la cara. Es al revés. La distancia, el ángulo y lo quieto que te mantienes cambian tu sonido tanto como el micrófono, y no cuestan nada. Esto es lo que dicen fabricantes de micrófonos, ingenieros de estudio y una de las voces más ocupadas de la animación sobre los centímetros que hay entre tus labios y la rejilla.

Los ingenieros conocen bien la primera sesión clásica. Un locutor novato se pega a un condensador caro, la primera “P” retumba como un libro que se cae, los graves se inflan en las frases suaves y, para la página tres, el nivel ya se movió porque quien lee se fue echando hacia atrás en la silla. Nada de eso es culpa del micrófono. Es técnica de micrófono, y es un hábito que puedes empezar a construir esta misma noche.

Los actores de radio de la foto al inicio de esta página no tenían filtros antipop ni plugins. Tenían un micrófono, un guion cada uno y la certeza de que acercarse o alejarse unos centímetros era la forma de sonar más fuerte o más suave. La física no ha cambiado desde entonces.

Empieza con un palmo y luego no te muevas

Pregunta a cinco fuentes a qué distancia ponerte y te darán cinco cifras un poco distintas, una pista de que el número exacto importa menos que elegir uno y mantenerlo. Un material de formación de la escuela británica de locución Gravy For The Brain fija lo ideal en “un palmo completo y 25 grados fuera del eje para evitar los plosivos”. Matthew Boudreau, de The Podcast Host, escribe que “una buena posición del micrófono está a unas 6 a 8 pulgadas de la boca”, es decir, unos 15 a 20 centímetros.

ACX, la plataforma de producción de audiolibros de Audible, propone un truco para una lectura más cercana y cálida: “haz con una mano la seña de ‘hang ten’, con el pulgar en la barbilla y el meñique en el micrófono. Esa es más o menos la distancia a la que debes estar”. Elijas la que elijas, mídela con tu propia mano al comenzar cada sesión, para que el audio del martes suene igual que el del lunes. La misma guía de ACX lo dice sin rodeos: “Presta atención a la ubicación del micrófono, la temperatura y la humedad, y procura mantenerlas constantes”.

Más cerca suena más grande, hasta que suena a barro

Acércate a la mayoría de los micrófonos de locución y tu voz se vuelve más grave y más llena. Es el efecto de proximidad. Sam Inglis, de Sound On Sound, lo define como “la tendencia de los graves a exagerarse a medida que un micrófono direccional se acerca a la fuente”. Los micrófonos cardioides, llamados así por su captación en forma de corazón, son direccionales, así que también lo hacen.

El fabricante alemán Schoeps explica que “el efecto de proximidad hace que el nivel de graves suba en los transductores de gradiente de presión cuando la fuente sonora está cerca del micrófono”, y que es “menos notorio con los cardioides anchos y más pronunciado con un patrón en forma de 8”. En su análisis a fondo del efecto, Inglis calcula que, en teoría, un micrófono en forma de 8 a cinco centímetros de una fuente pequeña recibe un “realce de más de 20 dB a 100 Hz”. Es un caso extremo, pero muestra lo rápido que se acumulan los graves.

Un poco de esa calidez queda precioso en una lectura íntima. Demasiada y cada frase suena como grabada bajo un edredón, que es lo que ACX quiere decir cuando advierte que “sentarse demasiado cerca del micrófono puede hacer que tu audio suene turbio y provocar plosivos”. Si quieres cercanía sin retumbe, Inglis sugiere “hablar ‘a través’ del micrófono en lugar de directamente hacia él” para domarlo.

El soplido que no se oye en la sala

Di “pop” con la palma frente a los labios. Ese pequeño golpe de aire no molesta a quien te escucha, pero el diafragma de un micrófono lo recibe como un puñetazo. La guía de Neumann para estudios caseros explica el nombre: “Los lingüistas llaman a estos sonidos del habla ‘plosivos’, porque los creamos al soltar un pequeño golpe de aire”.

Lo útil de los plosivos es que viajan en una dirección predecible. Hugh Robjohns, editor técnico de Sound On Sound, escribió que tienden a “ocupar un ‘corredor’ relativamente estrecho que sale directamente hacia adelante y, por lo general, un poco hacia abajo desde la boca”. Saca el micrófono de ese corredor y la mayor parte del problema desaparece antes de empezar.

Gráfico de mapa del clima titulado Pronóstico de plosivos, ráfagas al frente: una franja roja de ráfagas sale hacia adelante y un poco hacia abajo desde unos labios; un micrófono de frente, en el corredor, aparece con ráfagas, mientras que uno a un palmo y 25 grados al lado y otro arriba, a la altura de los ojos e inclinado hacia abajo, aparecen libres; un filtro antipop va al menos a 10 cm del micrófono, un poco inclinado. Fuentes: Hugh Robjohns, Sound On Sound; Neumann; Gravy For The Brain

El filtro antipop es la segunda línea de defensa, y dónde lo pones importa. El consejo de Neumann es “montar el filtro antipop al menos a 10 cm (4 pulgadas) del micrófono” e “inclinar un poco el filtro; así evitas que el sonido rebote entre la cápsula y el filtro”. Añade que “los filtros antipop grandes suenan más transparentes que los pequeños”.

Robjohns, respondiendo a la pregunta de un lector sobre los pops, pide “al menos una pulgada de espacio entre el diafragma del micrófono y el filtro antipop (y lo ideal es dos pulgadas o más)”. También ofrece un remedio que no cuesta nada: “girarse o hacerse un poco a un lado para que los golpes plosivos no vayan directo al micrófono”.

Un micrófono de condensador Aston Origin en su suspensión, con un filtro antipop metálico curvo colocado a unos centímetros de la cápsula. Foto: Bizzarle, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Foto: Bizzarle, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Quédate donde empezaste

Esta es la parte que los principiantes subestiman. Inglis señala que “el nivel de presión sonora cae 6 dB cada vez que se duplica la distancia a la fuente”. Dicho fácil: si durante una lectura larga pasas de 15 a 30 centímetros, en teoría acabas de sonar unos 6 dB más bajo. Tu tono también cambia, porque saliste del realce de graves y entraste más en el sonido de tu cuarto.

Dee Bradley Baker, la voz del Capitán Rex y los soldados clon en Star Wars: The Clone Wars y de Perry el Ornitorrinco en Phineas y Ferb, mantiene una guía extensa para principiantes en su sitio, I Want To Be A Voice Actor. Sus reglas para el estudio empiezan justo donde empieza este artículo: “Mira al micrófono y mantén la distancia lo más constante posible, por el bien del ingeniero, a menos que de pronto subas el volumen, ¡entonces échate un poco hacia atrás!”

Captura de la parte superior del sitio I Want To Be A Voice Actor de Dee Bradley Baker, con el subtítulo Dee Bradley Baker's All to Know About Going Pro in V.O., abierta en la página In-Studio Do's and Don'ts. Imagen: iwanttobeavoiceactor.com

Imagen: I Want To Be A Voice Actor, iwanttobeavoiceactor.com, 28 de octubre de 2026

Es igual de firme sobre adónde miras. Los actores que vienen de la cámara suelen girarse hacia su compañero de escena a mitad de frase, y él señala que eso te saca del punto óptimo del micrófono y casi siempre termina en otra toma. Tus ojos pueden pasear. Tu boca se queda en su sitio.

Una forma sencilla de fijarlo es marcar tu lugar. Pon una tira de cinta en el piso para los pies, una marca en el pie del micrófono a la altura de la boca y deja la silla siempre a la misma altura si grabas sentado. Revisa las tres cosas, y luego tu palmo, antes de grabar. Toma diez segundos y hace mucho más fácil igualar las correcciones que te pidan semanas después.

Gráfico de cinta métrica titulado Más lejos, más bajo: a 8 cm el nivel de partida con más graves por el efecto de proximidad, a 15 cm unos 6 dB más bajo, más o menos a un palmo, a 30 cm unos 12 dB más bajo con menos graves y más cuarto, a 60 cm unos 18 dB más bajo. Fuentes: Sam Inglis, Sound On Sound; ACX

Gritos, susurros y todo lo demás que oye el micrófono

Ser constante no significa quedarse congelado. Un grito a tu distancia habitual puede saturar la grabación, así que los profesionales se alejan un poco cuando sube el volumen y se acercan un poco en los momentos suaves e íntimos. La guía de Baker pide avisar antes: si una lectura va a pasar de muy suave a muy fuerte, díselo al ingeniero antes de empezar la toma, o tendrás que repetirla. En casa el ingeniero eres tú, así que ajusta tu nivel con la frase más fuerte del guion, no con la primera.

Las eses son la otra trampa. Una “s” áspera y silbante se llama sibilancia, y el consejo de Paul White en Sound On Sound es “prestar especial atención a la sibilancia; si puedes corregirla cambiando la posición del micrófono o el tipo de micrófono, es preferible a intentar salvar una mala grabación con un de-esser”. Muchas veces basta con girar un poco el micrófono, o la cabeza, para suavizarla.

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Y el micrófono oye mucho más que tu voz. White advierte que “es casi imposible pasar páginas sin que el micrófono capte el crujido del papel”, una buena razón para leer desde una tableta o una pantalla, o al menos para acomodar las hojas de modo que nunca tengas que pasar una a mitad de frase. El material de Gravy For The Brain cubre el resto: “es preferible la tela de algodón suave”, quítate las joyas, apaga el teléfono y toma un sorbo de agua antes de cada toma, porque la boca seca hace chasquidos y cada chasquido es trabajo para quien edite el archivo.

Una cabina de doblaje profesional ya tiene todo esto resuelto: una pantalla en lugar de papeles sueltos, el guion acostado sobre la mesa, un filtro antipop frente al micrófono y una silla que no rechina. Tu cuarto libre puede funcionar igual.

Una cabina de doblaje vacía: un monitor sobre un soporte de madera, audífonos, un guion acostado sobre la mesa, una lámpara de escritorio y un micrófono de condensador detrás de un filtro antipop. Foto: Tamirsofer, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Foto: Tamirsofer, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Pruébalo esta noche

Graba la misma frase cuatro veces: a un palmo y de frente, a un palmo y unos 25 grados hacia un lado, muy de cerca y con el brazo extendido. Llénala de “p” y “s”, algo como “Pepe pidió pasteles para su sobrina Sara el sábado”. Escucha con audífonos y los ojos cerrados. Vas a oír el retumbe de cerca, el cuarto con el brazo extendido, el pop de frente y lo limpia que queda la toma en ángulo.

Cinco revisiones antes de grabar

  1. Un palmo. Mide de tu boca al micrófono con tu propia mano, en cada sesión.
  2. Fuera del corredor. Pon el micrófono un poco a un lado o por encima de la boca, para que el aire pase de largo.
  3. Filtro con espacio. Déjalo a unos centímetros del micrófono y un poco inclinado, como sugiere Neumann.
  4. Marcas puestas. Cinta para los pies, una marca en el pie del micrófono, la silla a la misma altura.
  5. Cuerpo silencioso. Ropa suave, sin joyas, teléfono apagado y agua a la mano.

Luego elige la posición que más te gustó, márcala y úsala todos los días hasta que ya no tengas que pensarlo. Eso es técnica de micrófono. No va a convertir una lectura plana en una gran lectura, pero va a evitar que una gran lectura se arruine por un golpe, un siseo o un vaivén, y esa es la clase de diferencia que quien escucha siente mucho antes de poder nombrarla.

Fuentes: Gravy For The Brain, “Warming up and Microphone Technique” (material de 2013); Matthew Boudreau, “Mic Technique for Podcasters”, The Podcast Host (2020); Scott Jacobi, “The Seven Habits of Highly Effective Audiobook Professionals”, ACX (2014); Sam Inglis, “Proximity Effect: In Theory And In Practice”, Sound On Sound (2021); Hugh Robjohns, “Recording The Spoken Voice”, Sound On Sound (1997) y su respuesta sobre plosivos, Sound On Sound (2013); Paul White, “Recording The Spoken Word”, Sound On Sound (1994); Schoeps, “Proximity Effect”; Neumann, “How to protect your microphone against pops”; Dee Bradley Baker, “In-Studio Do’s & Don’ts”, I Want To Be A Voice Actor, y su biografía en deebaker.com. Las citas de fuentes en inglés fueron traducidas por Voice Over Herald. Imagen principal: un radioteatro en vivo de los primeros tiempos en los estudios de NBC en Nueva York, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Read this article in English: A Hand Span and a Little to the Side: The Mic Technique New Voice Actors Learn the Hard Way

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